Hay funciones que a parte de los aplausos, piden silencio. Reflexión.
Sin decorados pretenciosos ni gestos de más.
«Nuestros muertos» de la compañía Micomicón Teatro es eso: una habitación vacía donde la palabra y el silencio hacen el trabajo que a veces no sabemos hacer fuera del teatro. Una obra que no solo se contempla, sino que te atraviesa.
Inspirada en los encuentros restaurativos que tuvieron lugar en 2011 entre víctimas de ETA y los perpetradores arrepentidos, la obra plantea un cara a cara devastador.
La puesta en escena es de una limpieza que conmueve. Una sencillez que no empobrece, afina. Todo está dispuesto para que el encuentro ocurra sin coartadas. Una mesa, dos cuerpos y la memoria desborda por todas partes. No hay artificio, hay foco. Ese despojamiento no es frío, al contrario, abre y quita ruido para que el temblor ocurra.
El texto avanza con paso firme, como quien sabe que cada frase tiene un peso específico. Está bien desarrollado y, sobre todo, bien escuchado, ya que no encierra a nadie en una sola versión de los hechos y permite que la duda respire. Entre los pliegues, aparece un humor pequeño, casi doméstico, que no aligera lo que duele, pero sí te deja entrar y quedarte. Es el humor que tienen los que han aprendido a vivir con cicatrices. No es un humor que se ríe del pasado, se ríe con la vida que, a pesar de todo, continúa.
La iluminación funciona como una mano en la espalda. Precisa, quieta, exacta. No explica, acompaña. Se enciende cuando una verdad pide sostén y se recoge cuando la emoción necesita pudor.
Lo que más me interesa de la obra no es tanto el enunciado —un cara a cara que cualquiera imaginaría imposible—, sino cómo se sostiene ese cara a cara. A veces con torpeza, a veces con una lucidez que corta. La pieza te obliga a mirar lo que hacemos con nuestros muertos. ¿Los invocamos para cerrar la herida o para dejarla abierta?
Salgo con la sensación de haber presenciado algo inusual. Dos personas tratando de entenderse sin que nadie gane la discusión. Y eso es un gesto político y, sobre todo, profundamente humano.
«Nuestros muertos» busca verdad compartida, aunque sea a trozos. Y en ese intento, tan frágil como valiente, encuentra su belleza.
Equipo Artístico
Texto y Dirección: Mariano Llorente
Intérpretes: María Álvarez, Carlos Jiménez‑Alfaro, Clara Cabrera y Javi Díaz
Vestuario y Escenografía: Laila Ripoll
Música: Mariano Marín
Diseño de Iluminación: David Roldán
Cartel / Fotografía: Javier Naval
Prensa y Comunicación: María Díaz
Ayudante de Dirección: Héctor del Saz
Producción y Distribución: Joseba García

España/Madrid/Valencia: (Guayaquil, Ecuador,1995) Creador escénico, intérprete, director, autor, docente, gestor cultural y amante del movimiento y la expresión corporal. Se forma en Interpretación y Creación Teatral en la Escuela Cuarta Pared en Madrid y en Expresión Corporal en la Escuela Schinca. A lo largo de su carrera profesional se ha ido formando en danza contemporánea, movimiento, dirección de escena y dramaturgia con profesionales de la escena como Guillermo Heras, Raquel Sánchez, Adolfo Simón o Chevi Muraday. En 2022 crea la compañía de artes escénicas l’ayapampa, con la que han estrenado hasta la fecha las propuesta escénicas Mojado (2022), Enchaquirado (2022) y H.E.R.N.I.A (Dentro de la X Edición de la Muestra de Creación Escénica Surge Madrid en Otoño (2023), todas ellas de su autoría. En 2023 es galardonado con el segundo premio Ex-Aequo en el IX Certamen “Francisco Nieva” de Textos Breves para Teatro de Títeres y Teatro de Objetos con su obra ”D.U.D.O” Ha sido docente y coordinador de la Escuela Municipal de Teatro De San Fernando de Henares. Actualmente es Técnico de Animación Sociocultural en CEAR y colabora con CulturaPress como corresponsal en Valencia. Redes: Instagram / Linkedin / Ficha Autor AAT / Pagina web /
