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«Viva» de Begoña Tena en la Sala 7 del Teatre Rialto


Hay espectáculos que no necesitan grandes artificios para tocarte. Les basta una voz que vibra, un cuerpo que recuerda y una historia que podría ser de cualquier persona. «Viva» de Begoña Tena es exactamente eso: un latido que se deja escuchar sin pedir permiso.

En la intimidad cercana de la Sala 7 del Teatre Rialto, Begoña Tena no interpreta un monólogo: lo vive. Lo entrega. Despliega una vida entera mientras revisa cajas, como si cada palabra fuera un objeto encontrado al fondo de un cajón.

Lo que pasa en escena tiene algo de ritual y algo de excavación emocional. Parece decirnos: “Acompáñame. Vive esto conmigo.”

La dramaturgia de  «Viva» se sostiene en un diálogo precioso entre palabra y sonido. No son capas superpuestas, sino fuerzas que se acompañan y se interrumpen. El diseño sonoro no rellena huecos, sostiene silencios, da aire, subraya heridas y también acompaña las carcajadas que aparecen en medio del caos.

Es una tragicomedia luminosa, de esas que saben emocionarte sin caer en el drama fácil, y hacerte reír sin frivolizar. Habla de migraciones, de precariedad, de crecer en barrios de los de toda la vida, de descubrir un deseo artístico que arde incluso cuando en casa no se puede encender la estufa. Habla de inventarse la vida como se pueda.

Una de las cosas más bellas es cómo Begoña mira al público. No pide aplauso ni aprobación, pide compañía. Esa mirada crea un pequeño puente que te obliga a seguirla, a no soltar su hilo.

Su presencia es generosa, valiente. Tiene un humor afilado, una melancolía que no se esconde y una fragilidad que convierte cada gesto en algo importante.

La puesta en escena es sencilla, sí, pero está pensada con precisión. Es una mudanza, al fin y al cabo. Y en las mudanzas, mudamos de piel y de memoria.
Aquí la voz es territorio, el cuerpo es herramienta, la historia es hogar. Nada reclama atención innecesaria. Todo está al servicio de lo que importa.

Las transiciones están cuidadas con una delicadeza casi artesanal. El monólogo avanza a través de cinco escenas que funcionan como estaciones de una vida que se va reconstruyendo pieza a pieza.

En  «Viva» también habitan las figuras que sostuvieron a la protagonista: el titi, las vecinas, esa comunidad que levanta a quien no puede más. Aunque no aparezcan físicamente, se sienten. Forman parte de ese tejido invisible que da sentido a la obra.

Esta obra es un recordatorio de todo lo que el cuerpo precario carga, suelta, reclama y celebra. Una pieza que empieza siendo una mudanza y acaba convertida en un manifiesto de supervivencia.

Sales del teatro con la sensación de haber sido invitado a algo íntimo y necesario.
Algo que no solo cuenta una vida: le devuelve dignidad.

Porque sí: esto va de seguir adelante, de seguir sintiendo, de no dejar de decir —aunque cueste—: “Aquí sigo. Viva.”

FICHA ARTÍSTICA: Autoría e Interpretación: Begoña Tena / Dirección: Patrícia Pardo y Begoña Tena / Espacio Sonoro: David Alarcón / Diseño Iluminación: David Sánchez / Producción: Begoña Palazón / Fotografía y Video: Sergio Serrano / Vestuario: Arianne Algarra / Con las voces de: Pau Gregori, Arianne Algarra, Jorge Valle, Marta Chiner, Mafalda Bellido, Isabel Caballero, David Alarcón, Pep Ricart, Guille Zavala y Júlia Saiz.