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Cine: “LA ZONA DE INTERÉS y el impacto de imaginar lo que no se ve”, por Unai Sanabria


“Retratando a la familia de un comandante de Auschwitz que vive cerca del campo Jonathan Glazer vuelve con un paisaje inquietante y aterrador.

No han sido pocas las representaciones del horror generado por el Holocausto en la Alemania nazi donde represión, dolor y tortura eran verdades de perogrullo. Si bien la francesa Soah (1985) ya exprimía al máximo la atrocidad de lo vivido gracias a su metraje centrado en entrevistas a supervivientes, testigos e incluso ex oficiales nazis, Jonathan Glazer la supera con una propuesta radical donde nadie dice una palabra sobre el asunto pero pocas veces había resultado una película tan gráfica e insoportable. Y es que a pesar de los curiosos que se apresuren a las salas de cine a ver dicha película, no se encontrarán con una idea horripilante y literal, pero sí podrán sentir la barbarie donde los gritos, los crematorios y la melodía de la muerte son partitura constante. 

Glazer es capaz en éste filme de abordar a través de la luminosidad la máxima representación de la nada siguiendo una estrategia clara: retratar el ‘paraíso’ de una familia que regenta el infierno. Cumpleaños, fiestas, o amigos que se ven envueltos en un ambiente dicharachero y jocoso frente a un espacio sonoro atronador. De hecho, es el sonido el que, en paralelo, ordena pensamientos y recrea el mayor de los espantos. O el más simple escalofrío. La monstruosidad resulta tan evidente, tan cercana y tan nuestra que asusta. 

Asimismo, la gran Sandra Hüller, nominada a mejor actriz por ‘Anatomía de una caída’ no sorprende en su brillante interpretación que no dejará a nadie indiferente.

En definitiva, Jonathan Glazer ha conseguido mostrarnos una verdad sin enseñárnosla recurriendo no a la banalidad del mal en sí mismo, si no a su simplicidad y cotidianidad comparándola con una belleza que lo hace más cruel.