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«Side» de Danza Down Compañia Elías Lafuente en la Sala Carme Teatre


Hay regresos que no son simples retornos. Son actos de memoria viva, latidos que se niegan a apagarse, cuerpos que insisten en decir ”aquí seguimos”, incluso cuando el maestro que les enseñó a decirlo ya no está.

Este fin de semana, la Sala Carme Teatre de València acogió uno de esos regresos, el programa doble de Variaciones coreográficas/SIDE de Danza Down- Compañia Elías Lafuente, un proyecto que nos recuerda que la danza no entiende de límites, sino de profundo deseo de movimiento.

Elías Lafuente Escrig, bailarín, profesor, coreógrafo y fundador de Danza Down. Uno de los grandes referentes de la danza en España. Durante más de veinte años dedicó su vida a demostrar que la técnica y la sensibilidad no conocen barreras, creando un repertorio que unió precisión y humanidad. Y aunque han pasado dos años de su fallecimiento, su energía no desaparece, se transforma, se filtra en cada gesto, en cada desplazamiento, en la manera en que estas coreografías – hermosamente preservadas – se encarnan hoy bajo la dirección artística de Ana Domínguez del Fresno, quien sostiene con rigor la continuidad pedagógica y escénica de este repertorio que es, en sí mismo, un legado.

De las dos piezas que conforman el programa, pude adentrarme en SIDE, adaptación coreográfica del mítico West Side Story, donde la música de Leonard Bernstein actúa como un hilo vibrante que une un ayer mítico con un presente rebosante de verdad.

No es necesario reproducir cada cuadro de la obra original para entender que estamos ante una relectura hecha desde la entrega y la absoluta sinceridad escénica. Lo que aparece en SIDE no es la copia de un clásico, sino su fragmento vivo, su respiración, su eco traducido a una poética propia.

El elenco convierte el escenario en un territorio donde todo puede suceder: la complicidad, el humor, la sorpresa, el gesto inesperado que abre una grieta de emoción pura. Aquí la danza no es imitación, sino acto de presencia, un recordatorio de que el cuerpo, cuando quiere decir, encuentra siempre el modo de pronunciarse.

Cada movimiento parece contener un mensaje secreto para Elías:

”Mira, maestro. Seguimos bailando. Tu energía sigue aquí. Tu danza aún nos sostiene.”

Y el público lo siente. Porque ver SIDE es asistir a un rito silencioso donde la técnica se encuentra con la humanidad, donde la disciplina se mezcla con una alegría feroz por estar en escena, donde la danza vuelve a ser ese lugar donde espectadores, intérpretes y memoria caben.

Lo que se ve en SIDE es danza, en su forma más honesta y despojada. Es capacidad, potencia, voluntad y deseo. Es un recordatorio de que las barreras, cuando existen, suelen nacer fuera del escenario, no dentro de él.

En un momento del recorrido, pensé inevitablemente en aquella frase de la maestra Pina Bausch, que sigue golpeando como sentencia y como abrazo:
“Bailad, bailad, malditos… o sino estaremos perdidos.”

Y allí, frente a estos cuerpos que bailan como quien respira, uno entiende de golpe que no, que no estamos perdidos. Que mientras existas cuerpos capaces de sostener un legado con esta fuerza, mientras haya intérpretes que suban al escenario con esta entrega, mientras el movimiento siga siendo un derecho y un impulso, la danza permanecerá viva.

SIDE es memoria, sí, pero también es una promesa. Un recordatorio de que la obra de un maestro sigue latiendo mientras alguien la baila. Un acto de continuidad, de resistencia y de amor hacia un oficio que, en manos de esta compañía, demuestra que la técnica no sirve de nada si no se baila desde un lugar íntimo, honesto, abierto.

Salir de la Sala Carme Teatre después de esta pieza es llevarse a Elías en los hombros, en los ojos, en esa emoción que aparece cuando vemos algo auténtico. Y también llevarse al elenco, que con su energía inagotable reafirma una verdad que debería ser evidente:
la danza no necesita permiso; solo necesita cuerpos que quieran bailar.